Serena se plantea como un refugio urbano en el extremo norte de Murcia. Seis viviendas adosadas a un paso de las grandes avenidas de la ciudad, pero rodeadas de calma: un entorno tranquilo, de poca densidad edificada, grandes espacios verdes y con el ruido quedando atrás. Un lugar privilegiado que permite trabajar con libertad la relación entre el interior y el exterior y resolver la intimidad con lo justo y necesario para que la luz y las vistas sean las protagonistas. El resultado se lee como una única entidad, en lugar de una sucesión de unidades adosadas.
La edificación se apoya en el terreno y reivindica su horizontalidad con dos grandes planos que enmarcan las vistas hacia el parque y filtran el sol del sur en los meses de más calor. Bajo ellos, la materialidad del suelo, los suaves desniveles que resuelven los accesos, la posición de las piscinas y las sombras de las pérgolas ordenan las terrazas con naturalidad, sin romper la sensación de amplitud.
Gamas de tonos terrosos y texturas seriadas, realzadas por el contraste entre luz y sombra, son los elementos que, en última instancia, nos acercan a la escala doméstica y amable del hogar.